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Desarrollo económico VS Desarrollo social. ¿Quién gana la batalla?

Publicado el jueves 22 de octubre, 2015.
Autor: Adient
Categorias: DDHH - Economía Social y Solidaría - Notícias

Pensamos, cándidamente, que el desarrollo económico va ligado al desarrollo social. Un país desarrollado económicamente cabe esperar que también lo esté en materia social; pero tristemente, ésta no es una afirmación del todo exacta. Existen muchos países en nuestro entorno que tienen más desarrollado un aspecto pero carecen del otro, o directamente, no lo fomentan.

 

¿España es un país desarrollado económicamente o lo es más socialmente? Podemos decir que en España, en los últimos años, el desarrollo social ha estado en la cúspide de las preferencias de la sociedad española. Sus políticos han apostado por crear un país protector y de bienestar. La sanidad española es el ejemplo más evidente de esta tendencia. ¡Qué lujo tenemos en España!, comentan muchos españoles y muchas españolas que por motivos varios, especialmente por necesidad, han tenido que emigrar a otros países en busca de un trabajo para sentirse dignos en esta sociedad. ¡Qué triste y qué contradictorio!, comentan otros. En España tenemos cubierta la salud, la educación básica pero no el medio laboral. Y sin trabajo o con uno precario no podemos subsistir ni hacer frente a necesidades primordiales como la alimentación y la vivienda. Con esta carencia se observa que España es un país social, pero con deficiencias claras en su desarrollo económico. En un mundo capitalista, el trabajo va ligado al progreso económico de un país y en España, desgraciadamente, existen grandes defectos que posibilitan esta gran disparidad entre lo social y lo económico, siempre refiriéndonos a la economía del ciudadano español de a pie.

 

¿Y si nos centramos en un país desarrollado económicamente como puede ser Suiza? ¿Qué prevalece en el país helvético, lo social o lo económico? El pasado 18 de octubre se celebraron las elecciones generales en Suiza, los resultados fueron del todo alarmantes y preocupantes para los sectores que potencian lo social. Ganaron los nacionalistas de derechas, die Schweizerische Volkspartei (SVP Schweiz), Union démocratique du centre (UDC), Unione Democratica del Centro (UDC). La Unión Democrática del Centro (UDC) se situó en los años 90 como un partido de derecha opuesto a la entrada de Suiza en organizaciones internacionales como la ONU y la Unión Europea. Este partido ha promulgado en toda su campaña electoral la necesidad de frenar la entrada de inmigrantes, tanto políticos (refugiados) como económicos; es decir, aquellos que se trasladan a Suiza para encontrar ese trabajo digno que no pueden tener en sus países. Muchos de estos inmigrantes económicos proceden de España. En la actualidad, Suiza, forma parte del territorio de Schengen. El acuerdo de Schengen permite suprimir los controles en las fronteras interiores entre los Estados firmantes y crear una única frontera exterior, donde se efectúan los controles de entrada de personas, con arreglo a normas o maneras de actuar. Muchos expertos vaticinan una modificación de este acuerdo con la entrada al poder de los nacionalistas de derecha. Como diría Daniel Foppa, redactor de uno de los periódicos más representativos del país, Der Bund: “Suiza es un país dividido. Las elecciones han polarizado aún más nuestro país. Esto es mal augurio para las próximas reformas”. En el sector más social de la ciudadanía existe una preocupación clara, ¿Qué va a pasar con los inmigrantes?, la incertidumbre estará presente durante los próximos meses.

 

Este es un claro ejemplo de cómo un país desarrollado económicamente, como lo es Suiza, generalmente tiene falta de interés en apoyar el ámbito social. La sanidad pública en Suiza no existe. La sanidad es totalmente privada y muy costosa, lo es para el autóctono y para el foráneo aunque no partan ambos de la misma base. Un extranjero que desea instalarse en este país lo primero que debe hacer es contratar un seguro médico suizo, si no lo contrata, está perdido. Por otro lado, los permisos de residencia se otorgan bajo estrictas supervisiones; si la administración suiza prevé que un extranjero no puede subsistir en este país, le obligan a que lo abandone. La vida en Suiza es muy cara, incluso los alimentos básicos tienen precios desorbitados. La vivienda es otro aspecto a destacar, por menos de 1.100€ no tienes un pisito de 60 m2 en el que puedas vivir. Pero claro, los salarios son mucho más elevados. Sin esta circunstancia sería inviable la vida en Suiza. Muchos de los españoles y españolas que residimos en Suiza percibimos, en ocasiones, cómo este país prospero, rico y democrático posee claros peros en la forma en la que trata al forastero. Es muy común que por el mismo trabajo el extranjero, aunque tenga estudios universitarios superiores al suizo, cobre menos realizando el mismo tipo de trabajo o incluso trabajando y esforzándose más. También podemos observar como las “reglas suizas”, en muchos casos, son aplicadas a los inmigrantes pero a los propios suizos se les deja pasar. Por poner un ejemplo, un trabajador de una empresa suiza con su máquina de trabajo rompió el patinete de una niña. La madre se quejó y exigió que la empresa le recompensara por el daño causado y le comprara otro patinete a la niña, la pregunta del gerente de dicha empresa a su trabajador fue: ¿Es suiza o es extranjera la niña? Como la pobre niña no era suiza, se quedó sin su nuevo patinete.

 

Si antes de vencer el partido defensor de la Suiza independiente, nacionalista y ajena al exterior (la derecha nacionalista), ya se observaba cómo Suiza no era España, ¿cómo será a partir de ahora? Eso es lo que se preguntan muchos de las españolas y españoles residentes en Suiza, que a pesar de tener en su país un Estado de Bienestar envidiable, tuvieron que abandonarlo en busca de un trabajo decente en Suiza, un país desarrollado económicamente pero con vicios en su vertiente social.

 

La solución a estos desequilibrios entre los aspectos económicos y sociales radica en la necesidad de tener voluntad por cambiar la sociedad; no es fácil, porque bajo estas intenciones está presente el interés particular de cada lobby. Muchos suizos piensan que la llegada de más inmigrantes supone un quebrantamiento de su bienestar, alegando que Suiza no es capaz de abastecerles, no queriendo cambiar su sociedad; viven muy bien y no quieren perder esa prosperidad. Se evidencia, por una parte de la población suiza, una clara falta de interés y de empatía hacía otras sociedades con necesidades, mirando únicamente por su país y sin ver más allá de sus fronteras la realidad existente. Sin embargo, hay otros suizos que razonan que Suiza también necesita de esos inmigrantes trabajadores, que pagan sus impuestos, su seguro de salud a las grandes compañías de seguros, y que suponen mano de obra más económica en empleos que los suizos han relegado de sus preferencias laborales.

 

Los suizos votarán en referéndum los posibles cambios en la legislación suiza en materia de inmigración. En sus manos, en su cabeza y en su corazón estará el futuro de muchas personas que únicamente anhelan un futuro digno en este país. Todo depende de cómo se mire. Veremos qué pasa.

 

Rosa Soriano, Colaboradora en ADIENT

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